Yago y los chinos

Parece que tengo un problema: pronuncio como los chinos. Yo ni siquiera sé quiénes son los chinos, pero pronunciar como ellos trae problemas. Eso piensa mi mamá Marta.

Mi madre ha tratado de explicármelo muchas veces, pero no lo termino de entender. No sé si voy a ser bajito y delgado y me va a gustar el arroz, o voy a poner una tienda donde venda de todo muy barato, pero de poca calidad o voy a tener el pelo siempre corto, negro y tieso.

Para mi hermano Martín, ser chino es ser como no sé que jugador de fútbol con un nombre muy raro (que tampoco sé decir) de un equipo de Alemania (que tampoco sé decir). Mi hermano se sabe todos los equipos de fútbol del mundo, pero ninguno chino.

El caso es que para no pronunciar como los chinos, mi mamá me dice que tengo que arrancar la moto. Yo al principio iba siempre a coger mi moto verde porque pensé que íbamos a la acequia a jugar, pero ahora ya sé que no significa que vayamos a ir a jugar.

Para arrancar la moto tengo que estirar los brazos, cerrar los puños y hacer un ruido alto y fuerte como el que hace mi mamá con la boca o la garganta:

– ¡brrrum, brrum!, ¡brrrum, brrum!

Y otra vez:

– ¡brrrum, brrum!, ¡brrrum, brrum!

Cada vez que digo Rebe, mi mamá me dice que arranque la moto y lo digo muchas veces porque Rebe es mi tía. Y también cuando digo Carlos, y lo digo muchas veces porque Carlos es mi primo. Así que ahora solo digo tía y primo (aunque con primo a veces me hace también arrancar la moto). ¿Podéis imaginar lo que me dice mi mamá cuando digo perro?… mi mamá se pone muy pesada y como siga así voy a seguir llamando guau-guaus a los perros (¡uy! ¡ya lo he vuelto a decir!).

Antes me gustaban las motos, pero ahora voy a terminar por aborrecerlas, y también a los perros, a los grillos, a las ranas, a los ratones… Ya no puedo jugar a las carreras, ni a la carretilla, ni voy por la carreterilla…

Y mi mamá sigue erre que erre, que arranque la moto…

A mi papá Dari le deben gustar los chinos porque no me dice nada…

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