Días de lluvia

Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola.
Solo en días lluviosos sonaba. Cada gota de agua era una nota musical. La intensidad de las lluvias componía melodías y marcaba ritmos: piano, mezzopiano, mezzoforte, forte, fortissimo. Me fascinaban aquellas sinfonías, me enamoraban aquellas armonías dictadas al compás de nubes, vientos y tormentas. Deseé un nuevo diluvio.

Obsesionada, aprendí a leer mapas, a distinguir nubes y a interpretar vientos. Todo por oír aquel piano.

Hoy, después de algunos años, me he convertido en la presentadora del tiempo más famosa de la televisión.

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