Yago se va de bares

¡Vaya día! Hoy me he ganado una bronca, mejor dicho dos, una de mi papá primero y otra de mi mamá después. He ganado a mi papá, él solo se ha ganado una, él solo la de mamá. Martín no se ha llevado ninguna, pero ha sido el que más ha llorado.

Todo ha empezado porque yo me perdí, mejor dicho, me fui al Moesia, y cuando me di cuenta estaba solo. Todo pasó así: volvíamos todos del cole, Markel, Martín, Unai y yo. Papá y Martín se fueron a por el pan, entonces yo entré en el bar porque pensé que después de comprar el pan, Martín y mi papá me vendrían a buscar allí. Había gente en el bar, pero yo no veía a nadie conocido (por un momento pensé en pedirme un algo de beber como los demás –¡¡¡qué es broma, tontos!!!-).Yo no quería estar solo, pero mi papá no estaba conmigo. No sé qué estaban haciendo Martín y mi papá, que no venían a buscarme. Al final, ya me estaba poniendo nervioso y decidí hablar con un señor.

-Hola señor. Me he perdido, pero vivo en el dos.
-¿No está tu papá contigo? ¿Estás solo?
-Yo venía con mi papá. Mi papá se llama Dari, pero no está. No hay nadie: ni Rebe, ni Unai, ni Martín.
-¿Quieres que te acompañe a buscar a tu papá?
-Sí. No sé dónde está mi papá, pero vivo en el dos.

Le di la mano al señor y salimos del bar. Le dije que me llamaba Yago y que ya iba al cole de mayores. De camino a casa apareció mi papá, venía corriendo y nervioso. Mi hermano Martín corría detrás. En cuanto me vio, me chilló, y yo a mi papá. Solté a aquel señor del Moesia y me fui con mi papá. Y aquí empezó la primera bronca. Lo primero que le dije a mi papá es que era malo, que me había dejado solo y que eso no se hace porque soy muy pequeño.

Mi papá dijo que el que echaba las broncas era él, y no un enano desobediente. Yo miré para todos los lados para ver si veía al enano, pero no vi más que a Martín. Entonces empezó a decirme que si la culpa era mía, que si no tengo que separarme de papá, que no tengo que hacer lo que me dé la gana, que de ahora en adelante voy a ir siempre de la mano de papá para que no haga lo que me diera la gana. Se repetía. Cuando mi papá se calmó le dio las gracias al señor y me hizo darle un beso. Yo hubiese preferido darle la mano y un golpecito en la espalda, como hacen los amigos cuando se ven en los bares, pero mi papá me hizo darle un beso (se ve que entendió que todavía soy pequeño). Mi hermano Martín también le dio otro beso al señor sin que mi papá se lo dijera.

-Por ayudar a mi hermano –se lo dijo muy bajito, pero yo lo oí.

Papá me dijo que estaba muy enfadado conmigo y que no tenía ganas de hablar.

Más tarde, mamá llegó del trabajo: papá seguía sin ganas de hablar y no le contó que yo me había ido de bares, pero yo quería contárselo. No tuve mucho tiempo porque Dari me mandó a la cama a dormir la siesta.

Cuando me desperté mi mamá me preguntó que qué tal me había ido en el cole. Entonces fue cuando le dije que papá me había dejado solo en el Moesia, que un señor me dio la mano, que Martín había llorado y que le di un beso al señor por ayudarme, y Martín también. Mamá, inmediatamente, llamó a Martín, que estaba en la sala, para que contara qué había pasado, y Martín dijo que había sido sin querer y se echó a llorar.

Mamá llamó por teléfono a papá. Luego, mamá empezó a decirme que era muy desobediente, que hago lo que me da la gana, que me voy solo y que eso no puede ser. Y luego empezó a decirle a mi papá que es un tranquilo, que cualquier día nos iba a pasar algo gordo, que no me tiene que dejar ir solo, que tiene que estar más pendiente de mí… y muchas más cosas aburridas que yo ya dejé de escuchar.

Cuando colgó mi mamá estaba enfadada. Dijo que menuda familia le había tocado, que nadie se portaba bien. Mi hermano Martín ya se había calmado y me dijo al oído que el también se perdió cuando era tan pequeño como yo. Mamá le dijo que si tenía algo que decir que lo dijera en alto. Martín le pidió a mamá que contara cómo también él se había perdido.

Mamá dijo que menudos hijos tenía, que se perdían en los bares. Mi mamá me contó que Martín se quedó solo en el Moesía porque se puso a jugar con la puerta. Abría y cerraba todo el rato la puerta y aunque le riñeron no hizo ni caso. El caso es que el bar empezó a llenarse y entraba y salía gente y gente, y Martín no se atrevía a soltar la puerta, y la gente seguía entrando y saliendo. Resultó que también salieron mi papá y mi mamá y unos amigos, y se fueron a otro bar, y como Martín no podía dejar la puerta por miedo a pillar a alguien, se quedó solo.

Cuando volvieron papá y mamá Martín seguía en la puerta y lloraba desconsolado. Se ve que Martín no quiso decirle a nadie que vivíamos en el dos.

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