Mi primer viaje solo

Me gustan mucho los botones del ascensor. Cuando estoy fuera siempre doy al botón de llamada. Es como si una fuerza externa me dijera: “Yago, da al botón”, y lo yo doy. Mi mamá siempre me dice que deje en paz el ascensor, que hay gente que también quiere utilizarlo, pero a mí me gusta ver como se abren y se cierran las puertas cada vez que yo toco el botón.

Cuando estoy dentro, todavía es mejor: tiene más botones, ¡varias filas! Yo no alcanzo a las de arriba pero ya llego a las de abajo. Como me gustan tanto, doy a todos los que puedo, así que para subir o bajar, según mi madre, tardamos una eternidad. A veces Martín se pone de mi parte y me ayuda con la fila de arriba. ¡Mi abuela se enfada mucho!

Desde hace unos días ya no me gusta tanto: me hizo llorar el ascensor. Me subí con mi mamá y Martín y varias bolsas de la compra. Entre Martín y yo conseguimos dar a unos cuantos botones antes de que mamá gruñera y nos regañase. La primera vez que se abrieron las puertas ni mamá ni Martín se bajaron, pero la segunda vez sí: se bajaron ellos y las bolsas, y me dejaron dentro. Así que, sin ellos, me quedé solo en el ascensor y el ascensor se movió. Mi mamá se puso a chillarme, pero yo cada vez la oía menos. Al poco se volvieron a abrir las puertas de nuevo, y no estaban ni mamá ni Martín. Yo me puse muy nervioso y empecé a llorar y a llamar a mi mamá. De nuevo se cerraron y el ascensor se volvió a mover. Muy prontito se abrieron y Martín y mi mamá seguían sin estar.

Esta vez el viaje fue más largo y fue al revés. Yo empecé a oír a mi mamá llamarme y me tranquilicé un poquito, pero la verdad es que se me caían las lágrimas y los mocos del disgusto. Cuando se abrieron las puertas vi a mi mamá y salí corriendo. Me abrazo muy fuerte y me dio muchos besos, pero Martín no estaba.

Esta vez mi mamá me hizo subir por las escaleras, y yo no dije mi frase favorita («¿me coges mamá?»), porque sentí que, aunque mi mamá me había abrazado y besado, tenía ganas de matarme. Cuando llegamos al segundo, que es mi piso, vi a Martín. Estaba pegado a la pared con las bolsas de la compra alrededor. Mamá le había dicho que no se moviera de allí por nada del mundo. Estaba inmóvil y lloraba porque mamá gritaba y gritaba mi nombre y no me encontraba.

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