La graduación de Yago

¡La que se ha liado en mi casa por mi actuación en la guarde!

Voy a tratar de explicaros lo que ha pasado, pero la verdad es que yo, por primera vez, no he sido culpable de nada: andaba a lo mío, intentando bailar con un traje de gato que me habían puesto para la fiesta de la graduación.

A mí lo de bailar me gusta, pero a mi aire. Cuando bailas con más gente no puedes hacer los pasos de baile que a ti te gustan, tienes que ponerte de acuerdo con los demás niños y hacer todos lo mismo: si movemos una pierna, todos tenemos que mover la misma; si vamos hacia adelante, tenemos que empezar todos con el mismo pie; si levantamos un brazo, todos tenemos que levantar uno, no vale levantar los dos… Al principio, cada uno hacía lo que le parecía: nos chocábamos, nos caíamos y nos reíamos mucho, pero a la profe no le hacía ni pizca de gracia. Entonces decía, -¡a repetir!-, y volvíamos todos a empezar y a empezar y a empezar y a empezar y a empezar… Y así muchas, muchas veces, hasta que hicimos todos lo que la profe quería, ¡qué tirana! Al final, a los que no nos hacía ni pizca de gracia era a nosotros.

La fiesta de hoy debía ser importante porque además de mi abuela, han venido a verme mamá, papá y Martín. También han venido los papás del otro Yago y los de mis amigos Juan y Aritza. Teníamos mucho público. Al principio, yo solo veía a Martín. Estaba sentado delante con más niños. Le he saludado con la mano porque desde el escenario no se puede llamar en alto a tus hermanos, ¡me lo dijo la profe! Tampoco a tus papás, y menos a voces.

El caso es que cuando hemos empezado a bailar, mi papá ha comenzado a grabar la actuación, pero yo de ese momento no puedo contar nada más porque bastante tenía con bailar y no chocarme. Fue entonces cuando le he perdí la pista a mi papá.

Lo he debido hacer muy bien porque esta vez me ha felicitado hasta mi abuela. Ella siempre ha pensado que solo me daban papeles melodramáticos y que me estaban encasillando (en las grabaciones anteriores que me ha enseñando mi papá siempre salgo llorando en el escenario; eso sí, lo hago muy bien, me sale muy natural).

Ya en casa mi papá quiso enseñarnos la grabación y aquí empezaron los líos. Mi mamá se dio cuenta enseguida de que mi papá había grabado a un gato que no era yo; vamos, que mi papá creía que yo era un gato que en realidad era mi amigo Juan; vamos, que mi papá ha grabado a Juan pensando que era yo, y ahora el que sale en el vídeo todo el tiempo es mi amigo Juan, y yo salgo a lo lejos y solo algunas veces. A mi mamá no le ha gustado nada que salga todo el tiempo Juan, y ha empezado a preguntarle cosas raras a mi papá del tipo de: -¿no conoces a tu hijo?, ¿no sabes distinguirle?-…

A mi papá le ha caído una buena bronca. Y yo he descubierto una cosa: si hago las cosas mal al que le cae la bronca es a mí, pero si hago las cosas bien al que le cae la bronca es a mi papá.
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Os voy a dejar aquí la tarjeta de despedida que le he dado a mi profe porque al año que viene… ¡¡¡Ya voy al cole de mayores!!!

yago4

5 Comentarios en “La graduación de Yago

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