El mando de la tele

A mí me gusta mucho Bob Esponja y quiero verlo siempre, así que para que no me cambien a Bob Esponja tengo que comer y cenar con el mando: en una mano el tenedor y en la otra el mando de la tele. Martín, mi hermano, es muy listo y cada vez que me entretengo me lo quita y me cambia de canal.

En la cocina, si pierdes el mando tienes que subirte a una silla para cambiar. Si Martín tiene el mando, cuando te estás bajando de la silla ya ha vuelto a cambiar y te tienes que volver a subir, y así una y otra vez. Y claro, en una de estas mi mamá se enfada y nos dice:

– Se acabó la tele. Ni dibujos, ni Bob Esponja, ni nada. A cenar sin tele.

Y así comienzan las cenas aburridas sin dibujos, y con mamá repitiendo que te lo comas todo, que te estés quieto, que te sientes bien, que mastiques, que no se habla con la boca llena, que te calles un rato, que no tires el agua, que te limpies los morros, que no te levantes de la silla, que dejes en paz a Martín… Aunque mi mamá diga que tenemos las cenas muy entretenidas, a mí no me lo parece.

En la sala, si pierdo el mando no necesito subirme a ningún sitio porque llego a la tele. Puedo cambiar sin subirme a la silla, así que si Martín cambia con el mando yo cambio con los botones de la tele. Y Martín vuelve a cambiar y yo cambio, y Martín cambia y yo pongo a Bob Esponja, y así mucho rato. Y en estas andábamos cuando la tele se cayó, casi dio a Martín, e hizo un agujero en el suelo del salón.

¡¡¡Puff!!! La que se lió. Fue como en las películas, todo pasó muy rápido: Martín no dejaba de llorar, mi papá vino corriendo porque oyó el ruido, se puso a chillar y a reñirme (¡esta vez estaba de verdad enfadado!), que si no puedo estar quieto ni un momento, que si mira la que has liado, que si has hecho daño a Martín, que si has estropeado la tele y el suelo, que si va a subir la vecina de abajo, que si estás castigado, que sin tele durante un mes… Martín, llorando llamó a mamá por teléfono porque mamá estaba trabajando, y mi mamá salió del trabajo… para venir a reñirme más.

Yo le dije a mi mamá que no se preocupara, que podíamos llamar a un señor para que lo arreglara todo. A mamá no le gustó nada que aportara ideas.

Ahora tenemos tele nueva. Dice mi mamá que ya no hacen cosas como las de antes y tiene razón. La tele nueva ya no es como la otra. La de antes era gorda. Mi mamá decía que la de antes tenía culo y la de ahora no, aunque yo a la tele de antes nunca le vi el culo.

Mi mamá y mi papá me han repetido veintitrescincuentaytres veces que la tele nueva no se toca. Dicen que no puedo acercarme a ella, que como mínimo tengo que estar a veinte metros pero yo no entiendo de metros, y solo sé lo que es lejos y lo que es cerca. Mi papá dice que va a tener que atar la tele a la pared. Será que la tele nueva tiene patas y la de antes, la que tenía culo, no tenía patas.

Martín apoya a papá en este tema. Dice que soy capaz de tirar la tele otra vez. (Es que Martín dice que la tele la tiré yo porque él no quería cambiar de canal).

3 Comentarios en “El mando de la tele

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