El espejo enamorado

El espejo del baño se ha enamorado de mí. Llevamos viviendo juntos más de diez años, y me he dado cuenta ahora; aunque pensándolo bien, desde hace unos meses, todas las mañanas, al despertar, me devuelve una sonrisa picarona.

Cada día se le nota más. Me mira con cariño, me trata con dulzura. Me hace sentir cada vez más guapa. El lunes de la semana pasada me depiló las cejas, el martes me quitó las ojeras, el miércoles me maquilló. Yo me dejo querer. Me hacen gracia estas cosas.

Yo siempre he hablado mucho con mi espejo, ha sido mi confidente. Le he contado mis asuntos, le he pedido consejo. Él siempre ha sido sincero. Además, compartimos momentos muy íntimos. Nos tenemos mucha confianza.

Ayer me lanzó un beso y yo me sentí única. Hoy ha querido besarme en la boca.

Quería contárselo a mi mejor amiga. Pensé que me llamaría loca, que me recomendaría ir a un especialista, que hablaría con mis padres para decirles que yo tenía problemas. Tuve miedo de que me pudieran ingresar en un centro y no volviese a ver a mi espejo. A pesar de todo, no he podido reprimir las ganas y se lo he contado.

No se ha sorprendido. A ella, su espejo le trata igual, o mejor. Su espejo le devuelve su imagen rodeada de flores, vestida con delicados atuendos y adornada con hermosas joyas.

Cuando llegue a casa voy a darle un puñetazo y a romperle en mil pedazos. Son todos iguales los espejos.

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